miércoles, 19 de diciembre de 2012

El rey elefante


Yo no concibo que una persona pueda mirar a los ojos de un animal y apagarlos de un disparo; tampoco entra en mi entendimiento que alguien  pueda contemplar la belleza de la vida y sentir el deseo de destruirla convirtiéndola en materia inerme. Si la empatía es una característica del ser humano, quien dispara para apagar una vida no merece este calificativo.

Por otra parte, como republicano de corazón y de razón, creo que los que basan la defensa de la república en las “maldades del Borbón” hacen un flaco favor a la defensa de este modelo de estado.  Las descalificaciones personales, las gracietas y los tópicos son las armas que utilizó el fascismo para desprestigiar a la República. Una forma de gobierno democrática que nazca con  estas premisas está a merced de sus enemigos: la ignorancia, la maledicencia y la mezquindad. La república es una forma de gobierno deseable en sí misma por ser más racional que la monarquía: aunque reinase la persona más inteligente y honrada del mundo, la república seguiría siendo preferible.

Una vez sentada mi postura, ha llegado el momento de entrar en la materia de mi disconformidad con lo que se está diciendo y publicando sobre la foto en la que se ve al Rey al lado de un elefante muerto, aparentemente por sus disparos, y que se está utilizando para desacreditar a la institución monárquica junto con la sarta de gilipolleces que se escriben en la prensa y en Facebook sobre Urdangarín; precisamente hace poco se ha publicado una noticia sobre blanqueo de dinero y fraudes a hacienda que deja en ridículo todo lo que se dijo que había hecho el yerno del Rey. Pero no es de este tema del que quiero hablar, sino del uso de falsedades sobre la cacería de don Juan Carlos .

La primera falsedad es la fecha de la imagen, que fue sacada seis años antes de su publicación.  Me diréis que sea de cuando sea, el fondo es el mismo; pues no. Si en aquel momento se guardó y se ha sacado ahora, no es por casualidad; entonces lo más probable es que hubiera pasado desapercibida; ahora, convenientemente manipulada la información, ha constituido un escándalo.

El segundo tópico que se repite una y otra vez es que el elefante es una animal en peligro de extinción. Es cierto, pero ese tipo de cacería no tiene nada que ver. Los elefantes se están extinguiendo por la destrucción de su hábitat y la cacería incontrolada. Al contrario, estas cacerías son la garantía de continuidad de la especie, igual que cuando talan árboles de un bosque de forma  organizada lo están saneando. El argumento principal que respalda esta afirmación es que el gobierno que organiza estas cacerías obtiene unos ingresos que le permiten dedicar grandes áreas de terreno para la supervivencia de estos animales, áreas que en caso contrario se tendrían que dedicar a la agricultura, con la consiguiente destrucción del ecosistema natural. Además, al ser el elefante un animal sin depredadores naturales es necesario un control de la población, que es lo que persiguen estas cacerías, en caso contrario sería la misma naturaleza la que intervendría con hambrunas o epidemias. Soy consciente de que los animalistas no están de acuerdo con estos argumentos; pero al menos concededme que, equivocados o no, permiten ver este hecho desde una perspectiva diferente.

 

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con los primeros cuatro párrafos. Respecto al último, he encontrado otro post que ofrece información más detallada sobre si son necesarias o no esas cacerías controladas.

    http://savethedogs-es.blogspot.com.es/2012/05/super-poblacion-de-elefantes-en.html

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    1. Yo también estoy de acuerdo con lo que dice este artículo, tal vez discrepo del peso que da a la caza legal en la población de elefantes. De todas formas no pretendo justificar la caza, sino criticar el uso impropio de este tema en el debate república monarquía. Creo que este debe ir por otro derroteros. Considero que el debate por una parte debe enmarcarse en caza controlada (todo tipo de caza) sí o no, independientemente de quién sea el cazador; y por otra, monarquía o república, independientemente de lo guapo o bueno que sea un monarca en un momento determinado.
      No me gusta el tono de los escritos que ponen el acento de la extinción de este animal en una foto sacada al cabo de seis años de forma oportunista.

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