viernes, 21 de diciembre de 2012

Trucos y mentiras del nacionalismo catalán.


…muestran la balanza fiscal, como si esta fuera una realidad independiente del resto de la economía.

Los impuestos que se pagan desde Cataluña corresponden a unos beneficios que se han obtenido gracias a la financiación con capital español y a la explotación de la mano de obra del mismo origen. capitalista…

la economía de mercado tiende a acumular capital y trabajadores en determinadas zonas para optimizar la explotación de la mano de obra.

El despegue  económico de Cataluña fue la consecuencia del capitalismo salvaje impuesto por el franquismo a la economía española.

en la emigración, el capital precedió a las personas,

bastarán algunos nombres propios: el Campo de la Bota, el Carmelo, el Polvorín, el Somorrostro, la Perona, la Mina, Can Túnez

¿Quién daba/da de comer (y para la torre) a quién?

que se reconozca el español “también” como lengua propia de Cataluña

sobre la importancia de las raíces lingüísticas y culturales en la educación de los niños; será fácil, solo tendré que copiar lo que aprendí  de los catalanes progresistas en los años setenta y que defendí junto a ellos

 

Ruego a quienes no estén de acuerdo con los argumentos que expongo a continuación que, si quieren rebatirlos, lo hagan con referencias a lo que yo he escrito, no poniendo en mi pensamiento o en mi texto palabras o intenciones que no pienso ni he dicho nunca.

Vamos a ver si quedan las cosas claras: no estoy en contra del nacionalismo catalán, siempre que responda a un sentimiento sincero de las personas; al contrario, creo que es positivo como fuente de empatía hacia otros sentimientos nacionalistas diferentes. Lo que rechazo es el uso de trucos y mentiras como argumentos.

Cuando digo trucos me refiero a trampas similares a las que utilizan los magos en el circo. Los ilusionistas muestran al público un detalle de la realidad que, siendo cierto, “toque, toque y compruebe”, es solo la cara que ellos quieren que se perciba; aunque, a decir verdad, esto no es un engaño, porque si estamos en un circo ya sabemos que aquello es un truco. Pero cuando este juego de manos se hace en política, sí que es un engaño y de los más miserables. Todo esto viene a colación por el argumento esgrimido por los nacionalistas catalanes acerca de las relaciones económicas de Cataluña con el resto de España.

Estas relaciones son muy complejas: la balanza comercial, la balanza financiera, la plusvalía que produce la mano de obra, la balanza fiscal, etc. Sin embargo los independentistas catalanes ocultan la mayoría de estas caras y muestran la balanza fiscal, como si esta fuera una realidad independiente del resto de la economía capitalista. Es como aquel ejemplo del grupo de ciegos que reconocen a un elefante palpando cada uno una parte de cuerpo; en este caso solo nos dejan percibir una parte del cuerpo de la economía, el tan cacareado déficit fiscal,  y con un juego de palabras nos hacen creer que eso es lo único relevante en las relaciones con otras comunidades, mientras esconden el origen de la financiación de la actividad económica catalana y de la mano de obra cuya explotación produce la riqueza que forma la base sobre la que se pagan impuestos. Creo que es hora de exigir que se publiquen los movimientos de capital y los desplazamientos demográficos durante el último siglo, dentro de ese mercado único que es España. Los impuestos que se pagan desde Cataluña corresponden a unos beneficios que se han obtenido gracias a la financiación con capital español y a la explotación de la mano de obra del mismo origen. ¿Aceptarían CiU, ERC y ICV que las empresas financiadas por capital procedente del resto de España y que utilizan mano de obra de la misma procedencia cotizaran únicamente en ese hipotético estado español independiente de Cataluña?  ¿O lo que están pidiendo estos partidos es que una vez extraída la sabia del árbol común se aplique la política de la sanguijuela y se desprenda el bicho de la víctima?

En el aspecto anterior, me indigna la posición de ciertos partidos políticos que se reclaman de izquierdas y ocultan el abc del pensamiento progresista: la economía de mercado tiende a acumular capital y trabajadores en determinadas zonas para optimizar la explotación de la mano de obra. Esto tiene como consecuencia el empobrecimiento de unas regiones en beneficio de otras, hasta llegar a situaciones que imposibilitarían el normal funcionamiento del mercado, si no se corrigen. El despegue económico de Cataluña fue la consecuencia del capitalismo salvaje impuesto por el franquismo a la economía española. La política de izquierdas  exige contrarrestar estos desequilibrios con una política fiscal e inversiones en infraestructuras que discriminen positivamente a las comunidades más desfavorecidas e impulsen su desarrollo.  Las quejas que exponen  sobre el déficit fiscal de Cataluña son de la misma índole que las de los obispos sobre la injusticia que supone que la financiación de la escuela pública sea superior a la de la privada; esa gentuza esconde que lo que hace el estado es una mínima compensación a los chavales de la pública por la expoliación de sus derechos como seres humanos que sufren en la injusta sociedad capitalista. Es indignante que partidos  que se reclaman de izquierdas esgriman el mismo razonamiento que la Iglesia.  A no ser que sea un partido fascista como ERC o el CUP, que, como todos los partidos nazis, se autoproclaman “socialistas”.

Lo expuesto en el párrafo anterior me permite enlazar con las mentiras del catalanismo independentista: aquí se dio trabajo, cobijo y comida a las gentes que vinieron “de fuera”. Empecemos por el trabajo; en realidad, en la emigración, el capital precedió a las personas, quienes, ante la falta de inversiones en su región, no tuvieron más remedio que abandonar sus raíces y desplazarse a Cataluña, hacia donde se decantaba el dinero. Se puede decir que venían con un pan (capital financiero) debajo de brazo (mano de obra) y al llegar aquí se les quitó el pan y se les hipotecó el brazo.  Ya que los empresarios, esos que ahora apoyan a Mas,  no tuvieron escrúpulos en aliarse con el franquismo para arrebatarles sus derechos como trabajadores. Estas personas no eran consideradas como tales, sino como carne de explotación; por eso hay aún descendientes de estos emigrantes que reniegan de sus orígenes, porque les han hecho creer que sus antepasados eran como bestias, sin cultura ni idioma propio, ni nada. Aún conservo en la memoria el calificativo “castellanos” con el que los masificaban despectivamente. 

Continuemos con el cobijo; para este apartado bastarán algunos nombres propios: el Campo de la Bota, el Carmelo, el Polvorín, el Somorrostro, la Perona, la Mina, Can Túnez. Los más afortunados, que conseguían escapar de estos infiernos, iban a parar a barrios como el Buen Pastor, la Mina, la Trinidad, Verdún, el Carmelo, etc. donde eran amontonados en colmenas sin los servicios mínimos y con pisos de papel (aluminosis en el Turó de la Peira, cimientos sobre escombros, El Carmelo) que se les vendían al precio de una vida (en los años setenta se estudiaba Barcelona como ejemplo de urbanismo salvaje en las escuelas de arquitectura de todo el mundo). Para más humillación, algunos los utilizaban para ganarse el cielo religioso o civil yendo a esos barrios a salvar a aquella pobre gente.

En el capítulo de la comida seré breve: Barcelona era y es una de las ciudades más caras de España en alimentación. ¿Quién daba/da de comer (y para la torre) a quién?

Y acabo con la mentira del idioma. Aquí sí que es cierta la referencia a la marginación franquista (aunque tienen que reconocer que son alumnos aventajados de la política de “un país una lengua”). A cuenta de aquella injusticia, ahora han hecho creer que actualmente se persigue la vuelta a la exclusión del catalán, pero es mentira: incluso la “españolista” ley del gobierno del PP lo único que pretende es que se reconozca el español “también” como lengua propia de Cataluña y se refleje en la administración y en la enseñanza la realidad bilingüe de la sociedad catalana. No quiero acabar sin hacer una referencia a la doble red de centros educativos que ha existido en Cataluña hasta hace bien poco (escuelas del CEPEC y escuelas de los “castellanos”); aún se puede rastrear la huella de esta división. En otra ocasión me extenderé sobre la importancia de las raíces lingüísticas y culturales en la educación de los niños; será fácil, solo tendré que copiar lo que aprendí  de los catalanes progresistas en los años setenta y que defendí junto a ellos. Ahora parece que aquello ya les no vale, pero yo continúo defendiendo lo mismo.

 

 

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